No pude elegir carrera. Primera ostia.
Pertenecer a una generación de baby boomers se tradujo en su día en una lucha encarnizada que llevó consigo una espectacular subida de la nota de corte. Dos veces me presenté a la selectividad, cabezona yo, dos veces obtuve la misma nota, la que no era suficiente para estudiar lo soñado, la que me condujo por un lento y penoso camino hacia un pseudo día de la marmota eterno laboralmente hablando.
Pero aún tuve suerte. Encontré trabajo. Quedé finalista en el masivo juego de la silla con los de mi generación. Hay gente que con su carrera finalizada ni de camarero encuentran.
Cuando empecé a buscar piso lo mismo: había tanta demanda que subieron los precios hasta el punto de convertir un derecho en un lujo inalcanzable.
Vivo de alquiler. Soy una desposeída. Pero antes eso que una esclava de la hipoteca y el porcentaje TAE .
Y ahora ya te cagas. O nos jubilamos todos mucho mas tarde de lo previsto en ese trabajo que no pudimos elegir y en el que estamos condenados (los afortunados que al menos lo tenemos) por el bien de pagar unas facturas que nos aseguran un bienestar ficticio en que nada nos pertence en realidad, o pasamos una vejez miserable con recortes indecentes en nuestra humilde pensión. Y a alimentarse de sopas de ajo.
Eso si no la hemos palmado antes a disgustos.
Somos realmente lo que siempre hemos sido, la generación sin futuro.
Hay que joderse.
